La celebración comenzó con la entrada procesional presidida por el Nuncio. En un clima de fraternidad, el mismo inició con unas palabras acerca de la familiaridad que le producía estar en un paisaje tan similar a su Suiza natal. 

En la homilía destacó la importancia que desde siempre tuvo el Templo como Casa de Dios, explicando que si bien Dios se hace presente de diversas maneras, en el tabernáculo se da su Presencia por excelencia en el Santísimo  Sacramento.

De la primera Lectura del Libro de Jonás, explicó que en la historia del pueblo pagano al que Jonás debe llamar a la conversión, se pone de manifiesto que sólo por la Fe se salva el hombre, y también nos muestra la infinita misericordia de Dios con todos y cada uno de nosotros.

Del  Evangelio resaltó la importancia de la conversión, del llamado que se nos hace a ser cristianos “en serio”, ya que somos templo del Espíritu Santo y El nos va transformando desde nuestro interior.

Estamos llamados  a ser luz del mundo y a evangelizar desde la verdad de que nada del mundo nos va a dar la felicidad (segunda lectura). 

Aprovechó también para hablar de la necesidad de que quienes vivimos en un lugar en el que es tan palpable la belleza de la Creación, nos esforcemos por cuidar y respetar la naturaleza y la ecología en el contexto de las enseñanzas de San Francisco de Asís.

Finalmente, comunicó a los presentes el afectuoso saludo del Papa Francisco y recordó que Su Santidad  nos llama a todos los católicos  a un nuevo encuentro personal con Cristo. 

Luego de la homilía continuó la celebración con las Letanías encomendando a los Santos la intercesión por el nuevo Templo y la comunidad.

Después se presentó el incienso para honrar el Altar y luego se colocaron el mantel, los cirios, las flores para poder realizar por primera vez la Eucaristía en la Capilla.

Al finalizar la Misa se pronunciaron palabras de agradecimiento del Obispo, quien  consideró la obra de la Capilla como una respuesta a las oraciones para que hubiera un Templo en esa zona. El Dr. Spadone agradeció a todos por su presencia y a los que trabajaron en la construcción por su dedicación. También narró la historia acerca de cómo se había ido realizando su sueño de  levantar el barrio y la Capilla con el apoyo local. Luego el párroco invitó a seguir participando de la vida comunitaria de la nueva Capilla a través de la Misa y la catequesis.

Como cierre, el Nuncio con mucho sentimiento expresó que consideraba  un milagro el hecho de que él, venido de un pequeño pueblo de Suiza, hoy “en el fin del mundo” se sintiera “en casa” en este lugar y es porque la iglesia católica es madre y en cualquier lugar del mundo al que vayamos podemos entrar en una Capilla y estar en nuestro hogar. 

Después de la Celebración se compartió una comida en un clima de fiesta y fraternidad. 

 

                                                                                                                                                                                                                                             Agustina Turco

          Unas fotos aquí...

 

 

                                                   

 

                                                   

                                                   Homilía del Nuncio Apostólico Emil Paul Tscherring - 24 de enero de 2015, Epuyén

 

                                                       

                                                       Excelencia, Monseñor José, Obispo Prelado de Esquel,

                                                       Hermanos sacerdotes, consagrados,

                                                       Estimados iniciadores de este proyecto,

                                                       Hermanas y hermanos en Cristo:

 

 

 

Es para mí un profundo gozo visitar este lugar hermosos que me recuerda las montañas y valles de mi patria. Tengo el privilegio de saludarlos en nombre del Papa Francisco que envía a todos ustedes su cariño y su bendición como expresión de su cercanía y solicitud paternal. Agradezco a Monseñor José Slaby y al Señor Carlos Pedro Spadone por la consagración de esta capilla que será el centro de una nueva urbanización.

 

Desde la antigüedad el templo es símbolo de la presencia especial de Dios. 

Dios el creador del cielo y de la tierra no puede ser contenido en una construcción de ladrillos y madera. El Señor está presente en todo el mundo y en todo lugar, pero en el templo católico se encuentra un signo único de su presencia: tenemos el tabernáculo donde el Señor quiere vivir entre nosotros en la humilde especie del pan consagrado. Esta presencia es real, nos enseña el Catecismo “no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen ‘reales’, sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente” (CCC, 1374). Por eso, cuando entramos en una iglesia, nos ponemos de rodillas porque nos hallamos verdaderamente delante del Señor del cielo y de la tierra.

 

En el templo encontramos al Señor en el sacramento y en la Palabra. En la primera lectura de hoy el profeta Jonás es enviado a una larguísima ciudad pagana donde no conocen al Dios de Israel. Poco antes el mismo profeta ha rehusado la orden de Dios huyendo en barco lejos de su misión. Pero también allí, Dios lo encuentra. Los marineros lo desechan en el mar y un pez lo salva. Ahora camina otra vez, malhumorado y contra su voluntad, para ejecutar el mandato de Dios. Él entra a Nínive y una gran sorpresa lo espera: los ninivitas acogen la palabra de Dios con corazón abierto, renuncian a las injusticias y a la arrogancia de ciudadanos ricos y poderosos, se humillan y se visten con ropa de penitencia, se convierten y creen en el único Dios y Señor. Este cambio inesperado irritó mucho a Jonás, porque el profeta no entendía que el Dios de Israel es un Dios misericordioso para todos los pueblos de todos los tiempos. Él concede su misericordia y su perdón a quienes lo invocan con corazón sincero. Así la historia de Jonás nos recuerda la centralidad de la fe en Dios para conseguir la salvación. Además, nos muestra que esta misma fe es también preformativa, porque cambia y renueva a los hombres y con los hombres también a la sociedad creando armonía y justicia y transformándola en una comunidad que vive a un nivel superior.

 

También Jesús comienza su predicación con un fuerte llamamiento a la conversión: “Conviértanse y crean en la Buena noticia”( Mc 1, 14-20). Jesús anuncia que el Dios escondido de Israel se ha revelado en su persona y mensaje. Quien escucha su voz y creyendo lo sigue y desciende en las aguas del bautismo, se transforma en una nueva creatura. De hijo de Adam se convierte en Hijo de Dios y recibe la promesa de vida eterna. Algo de esta maravilla debe haber tocado el corazón de los primeros discípulos que, para conquistar este tesoro escondido han dejado todo: sus barcos, sus padres y su pueblo.

 

También nosotros hemos seguido a Jesús aceptando su mensaje por el servicio de la Iglesia. Pero a menudo nos hemos acostumbrado a ser católicos sin practicar la fe. El Papa Francisco nos invita a renovar ahora mismo nuestro encuentro personal con Jesucristo, o “al menos a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso” (EG, 3). Él quisiera que nos hiciésemos tocar por esta alegría del Evangelio que “llena el corazón y la vida entera” (EG, 1). Por lo tanto: “Este es el momento para decirle a Jesucristo: ‘Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito, rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores” (EG, 3).

 

Para tener éxito en este encuentro con Jesús, San Pablo nos invita a considerar que “la apariencia de este mundo es pasajera”. Él pide a los cristianos de Corinto tomar distancia de los bienes de este mundo de modo que “los que compran” se comporten en modo “como si no poseyeran nada” y que “los que disfrutan del mundo, como si no disfrutaran” (1 Cor 7, 29-31).

 

Por lo tanto, esta capilla rodeada por una maravillosa naturaleza, es un signo de esta fe que nos advierte continuamente que nuestro futuro no está en este mundo, que toda belleza creada es pasajera y que el verdadero paraíso está en la visión de Dios que es la verdadera belleza y el origen de toda bondad. Nosotros somos, como dice el salmo, como una flor del campo que pasa (cfr. Ps 103, 15) y la duración de la vida es como nada frente a Dios (cfr. Ps 39, 6). Somos peregrinos cuyo destino final es el cielo, la nueva Jerusalén, la cual no está construida por mano de hombre, sino por Dios. Y San Juan, en su visión relatada en el último libro de la Biblia, anuncia que en aquella ciudad no habrá más templo, sino “su Templo (será) el Señor Dios todopoderoso  y el Cordero. Y la ciudad no necesita(rá) la luz del sol ni de la luna, ya que la gloria de Dios la ilumina, y su lámpara es el Cordero” (Ap 21, 22-23).

 

Consagrando hoy esta capilla al servicio divino y como lugar de oración y de encuentro con Dios, pidamos al Señor que esta casa sea verdaderamente su morada en medio nuestro, donde como peregrinos encontramos consolación y fuerza en el camino hacia la patria celestial. Que la celebración de la Eucaristía conceda a todos los que se reúnen aquí el perdón de los pecados y la vida eterna. Que los que entren en esta casa de Dios y se arrodillen delante del tabernáculo puedan obtener su misericordia. Que cada uno de nosotros que visite este santuario pueda depositar sus sufrimientos delante de este altar junto con el fardo de sus angustias y ansiedades, y que pueda salir consolado y seguro que el Señor ha escuchado su voz y que su grito ha llegado a los oídos del Padre 

(cfr. Ps 18, 7).

 

Cuando miremos este templo construido de ladrillos y madera, recordemos también que nosotros mismos somos templos de Dios en los cuales habita el Espíritu Santo (1 Cor 3, 16-17), y que somos las piedras vivas que forman la Iglesia de Dios en la tierra, el Pueblo de Dios que camina en este país. Practicando los mandamientos divinos seremos testigos del nuevo mundo que ya está presente entre nosotros y seremos estrellas que brillan en un mundo que tiene sed de Dios y de su paz.

Así mismo, que quienes vienen a este hermoso valle por trabajo o por descanso puedan encontrar en este templo la sabiduría de distinguir las cosas importantes de las que cuentan poco. Que reciban la gracia de buscar “ante todo el Reino de Dios y su justicia” sabiendo que “todo lo demás vendrá por añadidura” (Mt 6, 33). Esta es la propuesta de Dios para todos nosotros, escribe el Papa Francisco y continúa: “se trata de amar a Dios que reina en el mundo” y “en la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos” (EG, 180).

 

Y finalmente, la belleza de la naturaleza que nos rodea también nos invita a respetar y salvaguardar el ambiente. El desarrollo, escribe el Papa Francisco, no debe basarse “solo en la utilidad y el provecho”, sino debe considerar “la creación como un don del que todos somos deudores” (LF, 55).

 

Por lo tanto, que Dios bendiga esta casa y nos acompañe para que nuestro camino hacia la casa del Padre celestial tenga éxito y que Jesús nos proteja del maligno para que no perdamos nunca el privilegio de ser templo vivo de Dios. Amén.

 

 

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